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Habana Jam 1979 : Una singular descarga

Por: Joao Fariñas
Fecha: 2012.10.25
Fuente: Cubanow

   En la habanera barriada de Miramar, en el Teatro Karl Marx, tuvo lugar del 2 al 4 de marzo de 1979 el HavanaJam, evento patrocinado por Bruce Lundvall, presidente de Columbia Records; Jerry Masucci, presidente de la Fania Records, y el Ministerio de Cultura de Cuba.
Los antecedentes del HavanaJam se remontan a 1977, cuando el presidente norteamericano James Carter y el Presidente Fidel Castro se plantearon suavizar las tensiones entre ambos gobiernos.
    A pesar de que el público no sabía qué iba a pasar y los artistas no estaban anunciados la primera noche, miles de capitalinos asistieron al teatro, abarrotado las dos fechas siguientes, pues la principal promoción que se hizo fue de boca en boca. Este espectáculo fue la materialización del viejo sueño de los cubanos de ver actuar a algunos grandes de la música norteamericana, posibilidad única e irrepetible –hasta veinte años después– de presenciar sus desempeños solo a unos metros de distancia.
    Varios de los músicos más populares en el mundo por esa época, leyendas de la música norteamericana y cultivadores de la salsa internacional estuvieron presentes: WeatherReport, Stan Getz, Jaco Pastorius, el inglés John McLaughlin, Stephen Stills, Kris Kristofferson, Rita Coolidge y Billy Joel, entre otros. Fue la primera vez que estrellas de esa magnitud compartían cartel con artistas locales.
    Por la parte cubana se presentó un Todos Estrellas entre los que se destacaban Irakere, Pacho Alonso, Elena Burke, Frank Emilio, Los Papines, Tata Güines, Sara González, Pablo Milanés y la Orquesta Aragón.
    La industria musical norteamericana atravesaba una crisis y comenzaba el boom de la salsa (el género musical caribeño por excelencia) en abril de 1978, por lo cual Bruce Lundvall, director de la CBS (Columbia BroadcastingSystem) Records decidió tener un contacto directo con la música cubana y, junto a un grupo de músicos entusiastas de su compañía, realizaron un viaje de cuatro días a La Habana.
    Todos se impresionaron con las novedades sonoras encontradas aquí, especialmente con el estilo afrocubano de Irakere, uno de los grupos más virtuosos de todos los tiempos en Cuba, que un tiempo después se agenciara un premio Grammy con el álbum del mismo nombre, grabado en una presentación inolvidable en el Carnegie Hall.
    Tras meses de negociaciones Lundvall logró contratar a Irakere y en julio el grupo viajó a la ciudad de New York, donde realizó una presentación no muy promocionada en el Newport-In-New-York Jazz Festival. La estupenda crítica recibida les agenció una invitación al prestigioso Montreux Jazz Festival en Suiza, donde también llevaron a cabo otra legendaria presentación.
   Además, en el otoño de 1978, Lundvall unió fuerzas con el director de la Fania Records, Jerry Masucci, y junto a las autoridades culturales cubanas acordaron organizar un festival de tres días en La Habana, con la participación de músicos cubanos y de varios países para el deleite del público local.
   Espontáneamente se le llamó Havana Jam, aunque las invitaciones entregadas lo reflejaran como programa Música Cuba-USA. Los productores del evento por la parte norteamericana fueron los experimentados Jack McLean y Phil Sandhaus, miembros del Departamento de Desarrollo Artístico de la Columbia Records, quienes establecieron a Showco y Studio Instrument Rentals como compañías de producción.
   Los músicos norteamericanos arribaron al aeropuerto José Martí de La Habana el 1.ro de marzo; de esta manera rompieron las barreras del arcaico bloqueo económico y cultural establecido sobre Cuba por el gobierno de los Estados Unidos y se creó una verdadera colaboración cultural entre ambas naciones.
   La agrupación WeatherReport, máxima exponente del jazz-rock mundial, fue la encargada de inaugurar el evento, brindando una exquisita demostración de equilibrado trabajo colectivo, cargado de efectos sonoros, mucho humo y un ambiente místico. Entre las agrupaciones cubanas de diferentes estilos que participaron se destacó la Orquesta Aragón, sustentada en sus varias décadas de decursar artístico por los escenarios y salones de baile de Cuba y otros lugares del mundo; realizó una de las presentaciones más dinámicas del festival, al utilizar un sonido de charanga con sus violines, cello, flauta y sección rítmica, poniendo muy en alto la tradición musical de nuestra Isla.
    Un ensemble constituido solamente para esta ocasión, el Trio of Doom, con las luminarias de John McLaughlin en la guitarra, Jaco Pastorius en el bajo y Tony Williams en la batería, dueños de un sonido único, jazz-rock innovador, se enmarcó entre lo más sobresaliente de las presentaciones.
    Irakere, liderado por su tecladista Chucho Valdés, cerró el evento por la parte cubana bajo un ambiente de gran energía en el teatro. Nuevamente los músicos de esta agrupación hicieron gala de la maestría artística ya acostumbrada; los solos instrumentales incluidos en los temas ejecutados en esta ocasión impresionaron a todos los asistentes.
    Chucho, excelente músico, cuyo solo en el tema Misa Negra fue seleccionado por la revista especializada en jazz Down Beat como el trabajo pianístico más importante de 1978, preparó dos obras exclusivamente para la fecha, en la que resaltó el Concierto para Flauta y Adagio de Mozart.
    Para finalizar el festival, se escogió al que en mi opinión era en esos momentos uno de los intérpretes más escuchados en el mundo. Sin lugar a dudas, la mayoría de los asistentes esperó con ansias su salida al escenario y hoy, a más de treinta y tres años del suceso, aún se recuerda su extraordinaria y espectacular presentación.
    Para ilustrar lo sucedido, quién mejor que el talentoso actor cubano Carlos Ruiz de la Tejera, que cuenta en su biografía, de la cual tengo el placer de ser el autor: “…tuve la suerte de poder asistir a la presentación de Billy Joel. Al abrir las cortinas lo primero que se vio fue un cenital sobre un cenicero. Impresionante; nunca en mi vida había visto un espectáculo como ese, demoledor; estuve varias semanas soñando con aquello, fue como estar de visita en un lugar que no me pertenecía. No fue solo la música de su reciente disco 52nd Street, sino su espectacularidad: con cada acorde del piano de Billy Joel había un cambio de luces. Él salía del piano con zigzagueante caminar, hacía como que le molestaba una tecla, regañaba a su equipo de ayudantes porque no resolvían el problema y él mismo, cuando terminaba la canción, introducía la mano, sacaba la cuerda completa y se la tiraba al público. También me llamó la atención su ropa: vestido de traje negro con unos zapatos deportivos blancos. ¡Qué clase de combinación!”
    Meses después de realizado el Havana Jam, la Columbia Records editó un álbum doble que contenía varias de las presentaciones más importantes del festival. Un interesante y necesario set de la Fania All-Stars fue lanzado al mercado ese mismo año con el título HavanaJam on Fania, y en 2007 se puso a disposición del público en formato CD la presentación del Trio of Doom.
   El Havana Jam fue un éxito musical de principio a fin, de modo que, a más de tres décadas de su realización, los que tuvieron la suerte de asistir al mismo aún cuentan orgullosos sus historias personales. En dicho festival se produjo un acercamiento inédito entre músicos norteamericanos y el público cubano, que pudo constatar su inmensa calidad en el contexto de la actuación en vivo. En esta confrontación entre hermanos, la música fue la única triunfadora y se estrecharon de alguna manera los lazos entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos.

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