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HISTORIA

El fabuloso Tata Güines

Por: Lino Betancourt
Fecha: 2013.02.05
Fuente: CUBARTE

Fue la cantante Estela Rodríguez, hermana del “cieguito maravilloso”, quien lo nombró Tata. Lo de Güines es porque Federico Alejo Arístides Soto nació en Güines, el 30 de junio de 1930; pero, ¿quién lo conoce por estos nombres?... Para el mundo es sencillamente Tata Güines, uno de los más extraordinarios tocadores de tumbadora que ha dado Cuba.

Su carrera por el arte ha sido la de un artista hecho a sí mismo, con un estilo propio conseguido a fuerza del empeño de brillar en un país donde los instrumentos de cuero son imprescindibles para la ejecución de nuestra música y forman parte indisoluble de la herencia musical trasmitida desde hace siglos por los africanos que han influido notablemente en la formación de nuestra cultura musical.

Tata Güines tenía una forma de tocar la tumbadora valiéndose de ambas manos, y —cosa única— de sus fuertes uñas, de las palmas de las manos y de las yemas de los dedos, en fin, con todo el cuerpo, pues cuando se sentaba frente a su tumbadora se transformaba. Era tal su ensimismamiento, que se entregaba en cuerpo y alma a la música. Era capaz de tocar treinta o cuarenta minutos sin descansar, mientras entonaba en voz baja, casi en un
susurro, un estribillo o los versos del coro de una rumba.

Afirmaba Tata que sin la percusión no hay música cubana, porque ahí es donde está el ritmo, y ¿puede haber música cubana sin ritmo?

Su musicalidad le vino por línea directa de su papá, Joseíto, que combinaba su trabajo en la agricultura con su afición al Tres. Como niño pobre, sin recursos para adquirir un instrumento, se fabricó unos bongoes con dos latas vacías. Pero ya a los doce años tocó con bongoes de verdad en el Septeto de Sones Ases del Ritmo, donde también tocaba el contrabajo, y como todavía no había alcanzado la estatura necesaria se subía a un taburete para pulsar las
cuerdas.

La vida de los músicos en aquellos años no era fácil, y si era negro, peor. Para buscarse el sustento diario y ayudar a la familia, Tata fue limpiabotas, vendedor de periódicos y hasta intentó hacerse zapatero. Pero fue persistente y con sus primos fundó la Orquesta Estrellas Nacientes. Tenía dieciocho años, pero ya se destacaba como tumbador.

En La Habana vivió un tiempo en el Barrio de Las Yaguas. Durante unos carnavales se incorporó a la comparsa Los Dandys de Belén, donde por todo el Paseo del Prado tocó junto a Chano Pozo. Con su tumbadora a cuestas se le veía deambular por toda la
ciudad.

Dondequiera que ensayaba una orquesta, ahí estaba el Tata con su tumbadora; y por su entusiasmo, y porque se destacaba en la percusión, le dieron la oportunidad de tocar en las orquestas Nueva América, Havana Sport, Unión, Belisario López y la Sensación, hasta que en 1952 ingresó en la orquesta Fajardo y sus estrellas, con la que viajó a Nueva York y se presentó en el Palladium y en el Hotel Waldorf Astoria durante dos años. Allí comparte
actuaciones con Maynard Ferguson, Frank Sinatra, Josephine Baker y con los Chavales de España, con la que graba No te puedo querer. Al terminar por la madrugada se iba a “descargar” con músicos de jazz, que lo influenciaron en su estilo.

Fueron tantos los grupos musicales donde estuvo que resulta increíble que en tan corto tiempo se desplazara por todos ellos. El Trío Taicuca, Celina y Reutilio, Guillermo Portabales, Ramón Veloz y otros lo tuvieron como acompañante. También tocó como suplente en las academias de baile Marte y Belona y en la Galiano Sport. La emisora La voz del Aire le pagaba por cada presentación ¡10 centavos!...; no se asombren, a María Teresa Vera le
pagaban lo mismo.

En la Playa de Marianao tocaba donde pudiera, y muchas veces también cantaba y además de la tumbadora tocaba claves, bongoes, güiros y maracas.

Marchó a Europa y allí también triunfa. Una grata impresión le dejó conocer a Brigitte Bardot cuando actuó en la película Y Dios creó a la mujer, dirigida por Roger Vadim.

En 1960 regresa a Cuba y ofrece un concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por
Manuel Duchesne Cuzán, donde interpreta Perico no llores más, bautizada posteriormente como El perico está llorando, que ocasionaba un estado anímico tan grande entre los bailadores que llegaban al paroxismo y hubo que suspenderla de los bailables.

Otras obras de Tata Güines son Mami, dame el mantecado, Auxilio, Fanfarrón y No metas la mano en la candela. Con su tumbadora acompañó al guitarrista y compositor Sergio Vitier en su obra Ad Libitum, que fue bailada por Alicia Alonso y Antonio Gades.

Por los años sesenta formó con Frank Emilio (piano), Guillermo Barreto (batería), Papito Hernández (bajo) y Gustavo Tamayo (güiro), el Quinteto Instrumental de Música Moderna con el que grabó dos LPJazz 6:00 PM y Rico Melao. Otras grabaciones donde aparece son los títulos Descargas cubanas, con Cachao López y Pasaporte, con Miguel “Angá” Díaz.

Aparece también en los documentales Nosotros, la música de Rogelio París y Buscando a Chano Pozo, de Rebeca Chávez.

Su última intervención discográfica fue en el fonograma Dos trovadores, junto al cantante puertorriqueño Danny Rivera y al Maestro Frank Fernández, en el piano.

Durante su vida artística se presentó en escenarios de Estados Unidos, Panamá, Venezuela, Colombia, México, Martinica, Montecarlo, Suiza, Bulgaria, Hungría, la antigua URSS y España.

El 4 de febrero de 2008, hace cinco años, el mundo conoció la noticia de la desaparición física del fabuloso tumbador cubano Tata Güines. Con su fallecimiento nació una leyenda tejida con sus prodigiosas manos sobre los ancestrales cueros de su amada tumbadora.

Fuentes consultadas:

Calderón González, Jorge. “Las recias uñas del tumbador de Güines”, revista Música Cubana. No. 6. 2002.
Giró, Radamés. Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba. Editorial Letras Cubanas. 2009.

Federico Arístides Soto Alejo (Tata Güines).
Músico de origen cubano de gran popularidad nacional e internacional. Se ligó a los instrumentos de percusión, especialmente a la tumbadora. Es conocido artísticamente por el sobrenombre de Tata Güines. Es considerado en Cuba el rey de los tambores, tumbador
por excelencia, intérprete clásico de la rumba y la conga sin parangón.

Síntesis biográfica
Nació en Güines, La Habana el 30 de junio de 1930, en el seno de una familia de músicos, hijo de de Joseíto "El tresero" y de la Niñita, que desde muy pequeño solía tocar una caja de limpia botas en la esquina de la Capilla de Santa Bárbara, en el legendario barrio de Leguina, donde tanta congas y bembés se han hecho y se seguirán disfrutando.

Trayectoria artística
Decir Federico Arístides Soto Alejo quizás no le diga nada a algunos neófitos de la música, pero cuando se dice Tata Güines las cosas cambian radicalmente y todos piensan: Ese es la tumbadora hecha alma y sabor.

Se ligó a los instrumentos de percusión, especialmente a la tumbadora, que como cubana gimió bajo el efecto de sus prodigiosas manos. Bajo la influencia de Chano Pozo, cuyos
toques lo embrujaron y le dieron la clave para crear su propio estilo.

Se formó como músico entre los tambores y las fiestas religiosas de su barrio. Adoptó su apodo de pequeño -el Tata-, y como apellido el del pueblo que le vio crecer. La música la trajo en la sangre: su padre y sus tíos hacían música con los cueros.

Fue ejecutante del contrabajo en el conjunto Ases del Ritmo. Formó parte del grupo Partagás, dirigido por su tío Dionisio Martínez, y posteriormente fundó la orquesta
Estrellas Nacientes y actuó con la orquesta Swing Casino, de Güines.

En 1946 actúa en su pueblo natal con el Conjunto de Arsenio Rodríguez. En 1948 se traslada para La Habana, donde fue miembro de las orquestas La Nueva América, de Pao Domini; la del Havana Sport de José Antonio Díaz, Unión, de Orestes López, La Sensación de Belisario López, y en 1952 ingresa en Fajardo y sus Estrellas, con la que en 1956 viaja a Nueva York.

Integró Los Jóvenes del Cayo, con el que se presentó en la radioemisora La Voz del Aire; después actúa con los conjuntos Camacho y Gloria Matancera. Acompañó como bongosero al trío Taicuba, y trabajó con Guillermo Portabales, Celina y Reutilio, y Ramón Veloz. Participó, junto a  Chano Pozo, en la comparsa Los Dandys de Belén; además, Los Mosqueteros del Rey, Los Mambises y Las Boyeras.

Grabó con Arturo O’Farrill (Chico) y con Cachao y su Ritmo Caliente, Frank Emilio, Guillermo Barreto, Gustavo Tamayo y otros. Formó parte del Quinteto Instrumental de Música Moderna
(después Los Amigos), dirigido por el pianista Frank Emilio; Guillermo Barreto, timbal, Gustavo Tamayo, güiro, Israel López (Cachao) y Orlando Hernández (Papito), contrabajo.

En 1955 viaja a Caracas, Venezuela, para participar en los carnavales de esa ciudad. Viaja a Nueva York con la orquesta de Fajardo y sus Estrellas, con la que actúa en el Palladium, en donde coincide con Machito y sus Afro-Cubans y con Benny Moré, a quien acompaña con la tumbadora; también se presentó en el hotel Waldorf Astoria, donde trabaja por vez primera como solista.

Preparó un espectáculo y compartió el escenario con Josephine Baker, Frank Sinatra, Maynard Ferguson y Los Chavales de España, con los que grabó la pieza "No te puedo querer".

En 1960 regresa a Cuba. Cuatro años después funda Los Tatagüinitos. Ofrece un concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Manuel Duchesne Cuzán, con la que interpreta su obra Perico no llores más. Acompañó al guitarrista y compositor  Sergio Vitier en su obra Ad Libitum, que bailaron Alicia Alonso y Antonio Gades.

Falleció el 4 de febrero de 2008 en Güines, La Habana.

Giras internacionales

Realizó giras por California, Chicago, Miami, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Colombia, México, Martinica, Montecarlo, Suiza, Bulgaria, Hungría, donde participó en el Festival de Jazz;
Unión Soviética, Finlandia, España.

Vigencia musical
Tata Güines, Premio Nacional de Música 2006, fue maestro de maestros de la percusión cubana. Su muerte representa una notable pérdida para la cultura cubana. Nadie como
él en Cuba para hacer de la percusión un arte. Frente a Tata Güines, el cuero del tambor parecía la más delicada y costosa seda. Él colocaba su ágil mano sobre la curtida piel estirada por el fuego, y con sus uñas conseguía lo mismo el más triste de los lamentos que la sonrisa más contagiosa. Pocos lo conocían como Federico Arístides Soto Alejo, pero todos sabían que había modernizado las tumbadoras, que era un maestro en eso de colocar los golpes «sueltos» en un tema, como «al descuido», pero que hacían que la pieza no pudiese sobrevivir si le faltaba aquella impronta de quien se dejaba llevar por el ritmo de las claves, por su finísimo oído y por las exigencias de un cuerpo acostumbrado, desde que era casi un crío, a la música.

Obras
§ Auxilio,
§ Fanfarrón,
§ Mami, dame el mantecado,
§ No metas la mano en la candela,
§ Perico no llores más

Bibliografía pasiva
§ Raúl Fernández. «Tata Güines: tumba, tumbador, tumba». La Gaceta de Cuba (La Habana), (4): 42-45, julio-agosto de 2005.
§ Radamés Giro. «El legendario Tata Güines». Salsa Cubana (La Habana), año 4 (11): 30-31, 2000.
§ Bernardo Marqués Ravelo. «El Tata sobre los cueros». El Caimán Barbudo (La Habana): 16-17; agosto de 1982.
§ Mayra A. Martínez. Cubanos en la música. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1993.

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