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En Cienfuegos: Bobby Carcasés, la improvisación del jazz

Por: Roberto Alfonso Lara
Fecha: 2014.05.15

 La excelencia de Carcasés trasciende no solo en la música, sino también en otras ramificaciones del arte como la pintura y la actuación. Por eso se le considera el Showman de Cuba.

A inicios del siglo XX aparece en la ciudad estadounidense de Nueva Orleans el primer estilo de jazz, un género crecido en el contexto de la comunidad afroamericana, allí donde los negros dieron riendas sueltas a la improvisación y la creatividad. Dicho acontecimiento trastocó los dogmas de la música, al punto de no poder siquiera, todavía hoy, definir una historia o evolución estilística. Quizás por eso, sería ingenuo y contraproducente encerrar en algún calificativo la más reciente actuación en Cienfuegos de Bobby Carcasés.

Para muchos jóvenes tal vez pase desapercibido su nombre, triste consecuencia de la banalización de los medios audiovisuales en Cuba. Sin embargo, al escaso público
asistente al teatro Tomás Terry no le alcanzaron las manos para aplaudir a un hombre que destila arte por doquier.

La primera prueba de virtuosismo asomó antes de comenzar el concierto, cuando en una actitud ética irreprochable compartió con los presentes una lección bien aprehendida en la vorágine del Teatro Musical: "aunque haya una sola persona, debemos entregarnos a ella. Otra cosa no espera quien ha venido a disfrutar con nosotros".

Acompañado de su grupo Afrojazz, Carcasés hizo alarde de las dotes interpretativas, al juguetear desde la vocalización con temas harto conocidos dentro del pentagrama nacional e internacional: Veinte años, de María Teresa Vera; y Bésame mucho, de la mexicana Consuelo Velázquez.

Resultó, a la larga, una suerte de repaso a varias sonoridades en un estilo extraño al oído y a la vez placentero, al extremo de volcarnos al ensimismamiento. Bolero, guaracha, rumba, son…, nutrieron la propuesta hecha, ceñida por la voluntad individual de crear un color tonal y sentido rítmico en la ejecución de los distintos instrumentos.

En ese afán, los músicos de Afrojazz —un saludable amasijo de generaciones— superaron los límites de la suficiencia para caer en terrenos de la genialidad; todo ello en una dura porfía que, al final de cada tema, obsequiaba, paradójicamente, una armónica y coherente
confluencia de sonidos.

Notas sobresalientes merecen, por ejemplo, el veterano baterista de la agrupación (apodado El Peje y considerado uno de los mejores del país); el bajista Lázaro Rivero, integrante del legendario Irakere; y el joven de apenas 16 años Jesús Pupo, una explosión desde el piano.

El homenaje a Benny Moré arrancó profusas aclamaciones, una lógica y comprensible actitud de quienes le reconocen como ícono de la cienfuegueridad. Para ello, Bobby invitó a escena a la flautista local Diana Rodríguez, cuyas notas coadyuvaron a la suave cadencia del blues
dedicado al Bárbaro del Ritmo.

Próximo a celebrar 60 años de vida artística —además del 30 aniversario del festival Jazz Plaza—, el retorno de Roberto Arturo Carcasés Cuza a la región centro sur de Cuba, luego de una extendida ausencia, vino justo como repaso a lo más auténtico de nuestro folclor: la tradición afrocubana, fusionada con las infinitas melodías y acordes de un género
sin par.

"El jazz es para mí toda una filosofía…, la filosofía de la libertad; donde el hombre se lanza por el espacio y extrae de otras dimensiones las maravillas de la creación, para que el público pueda apreciar, de una manera repentista e inmediata, algo ilusorio un momento antes de que el improvisador lo hiciera", advirtió el Premio Nacional de Música 2012. Y la razón, le asiste.
 

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