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Chucho Valdés, un maestro de la fusión

Por: ÁNGEL H. SOPENA
Fecha: 2015.03.08

  Uno de los nombres con mayúsculas del jazz es Chucho Valdés. El gran pianista, fundador y director de Irakere, compositor y arreglador de piezas sinfónicas ostenta diez nominaciones y cinco premios Grammy, además de ser un excelente maestro compositor. Tiene entre sus
creaciones emblemáticas obras como Mambo influenciado y Misa negra. Por Irakere pasaron algunos músicos hoy tan reputados como Paquito d´Rivera o Arturo Sandoval, que huyeron de Cuba en los días duros del castrismo. Chucho Valdés trae su espectáculo de Solo piano al Teatro Circo dentro del ciclo Jazz & Black.

Dionisio Jesús Valdés Rodríguez (La Habana, 1941) inició su actividad musical bajo la influencia de su padre, el gran Bebo Valdés. A los tres años ya tocaba al piano las melodías que escuchaba en la radio, de oído, con ambas manos y en cualquier tono. El positivo ambiente musical de la familia le permitió adentrarse con soltura en el conocimiento de los más diversos estilos y géneros de la música. En 1970 se le sitúa como uno de los cinco mejores pianistas de jazz del mundo junto a Bill Evans, Oscar Peterson, Herbie Hancock y Chick Corea. A lo largo de su carrera ha grabado 87 discos y ha colaborado en otros 33 proyectos discográficos. Giras por más de cincuenta países de todos los continentes y actuaciones en los más famosos escenarios del mundo sustentan el reconocimiento a su
extraordinaria labor interpretativa.

Reconociendo en él la influencia de pianistas como Bill Evans, McCoy Tyner, Horace Silver y otros grandes del jazz (no pianistas) como Charlie Parker o John Coltrane, la gran ventaja de Chucho Valdés, culturalmente hablando, reside no sólo en su compenetración con los clásicos cubanos y europeos de todos los tiempos o los más modernos pianistas de jazz, sino además en su conocimiento de pianistas del jazz de los años 20, 30 y 40 que escuchaba
desde niño en su propia casa: Art Tatum, Earl Hines, Duke Ellington, Count Basie, Bud Powell o Hank Jones.

El nombre de Chucho Valdés es sinónimo de inspiración, valentía, fusión y mestizaje. De la misma manera que no se cierra a ninguna influencia musical, Valdés ha mostrado su versatilidad en los formatos de actuación –en solitario, con un cuarteto o un quinteto, o liderando una orquesta–, y siempre ha sacado un aprendizaje específico de cada uno. Otra historia es cuando se sienta ante el piano en solitario: «Cuando actúo solo, muchas
veces lo hago sin programa; dejo que sea la actuación y el público el que me guíe. Es arriesgado, pero siempre busco que el nivel sea máximo. Así, hasta los días más complicados terminan siendo un éxito».

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