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DE INTERES: Eric Hobsbawn y el jazz

Por: Julián Ruesga Bono
Fecha: 2017.04.02

 
“The Jazz Scene” y “Gente poco corriente. Resistencia, rebelión y jazz”
 

Eric Hobsbawm, ha sido uno de los historiadores más destacados e influyentes del siglo XX. Murió en Octubre de 2012, a los 95 años a causa de una neumonía. Brillante, lúcido y perspicaz, ha dejado un legado de más de veinte libros publicados. Entre ellos cabe destacar "Historia del siglo XX. 1914-1991", convertido en libro de referencia para comprender el mundo contemporáneo y uno de los libros de historia más vendidos –está traducido a 40 idiomas. No obstante, una las principales virtudes de Eric Hobsbawm como escritor ha sido la amenidad de su lectura, haciendo comprensible los entresijos de la historia al lector medio. Otra virtud, no menos importante, ha sido su mirada incisiva, su capacidad para escudriñar en los márgenes de la historia y ahondar en lo que otros historiadores dejan de lado. Hobsbawm, fue profesor en las universidades de Stanford, en Cambridge, en la londinense Birbeck y en la New School for Social Research en Manhattan. De la Universidad de Birkbeck llegó a ser rector.

Nacido en el seno de una familia judía en Alejandría, Egipto, en 1917, creció entre Viena y Berlín y en 1933, cuando Hitler subió al poder en Alemania, se trasladó con su familia a Londres. Su vida intelectual estuvo atravesada por sus ideas marxistas y por su pertenencia al Partido Comunista británico, que abandonó tras la invasión soviética de Hungría en 1956. "Pertenezco a la generación para quienes la revolución bolchevique representó una esperanza para el mundo", confiesa en su autobiografía, “Años interesantes. Una vida en el siglo XX" (Barcelona: Crítica, 2003). Como historiador dedicó buena parte de su obra a temas como la historia del trabajo y del movimiento obrero, los orígenes de la revolución industrial, la tradición, el bandolerismo y la historia del Reino Unido –desde la revolución industrial y el surgimiento del Imperio colonial a la actualidad. Para Hobsbawm, la historia es una forma de comprender como el pasado se ha convertido en presente –una forma de conocer el presente y algo del futuro.

Hobsbawm, además, era un ferviente aficionado al jazz –al que dedicó dos libros. Desde mediados de la década de 1950 y durante diez años consecutivos fue columnista y comentarista de conciertos, discos y libros de jazz en la revista británica The New Statesman. Publicaba bajo el seudónimo de Francis Newton, en homenaje a Frankie Newton, trompetista de Billie Holiday. También publicó, bajo este seudónimo, el libro “The Jazz Scene” (1962), una lúcida reflexión sobre los procesos sociales que favorecieron el desarrollo del jazz en la primera mitad del siglo XX. En “The Jazz Scene”, Hobsbawm, trata de comprender la relación del jazz con la cultura del siglo XX y explicar el porqué de su transformación y expansión internacional –a través de la industria musical y la formación de sus públicos. También, subraya la importancia cultural del jazz en la lucha social de los negros norteamericanos por los Derechos Civiles. El libro está dividido en cuatro partes: 1) Historia, 2) Música 3) Negocios, y 4) Gentes. Rastrea sus raíces sociales e históricas, evalúa su estructura económica, el cuerpo de músicos que lo ha construido, la naturaleza de su audiencia, y los motivos de su aceptación pública, tanto en EUA como en otros países. Cuenta su historia y analiza su trama.

En la introducción a la reedición de 1989, Hobsbawm explica que al escribir este libro se proponía dos objetivos: examinar el jazz desde un punto de vista histórico –como uno de los fenómenos más significativos de la cultura mundial del siglo XX- y a la vez ofrecer una introducción al jazz a una nueva generación de aficionados que lo habían descubierto en la década de 1950 –“para los lectores con un buen nivel de educación y de cultura general que en ese momento, empezaban a darse cuenta que tenían que saber algo sobre el tema (…) fue a mediados de la década de 1950 que los guardianes de la cultura establecida descubrieron, por primera vez, que debían informar a su público sobre el jazz", escribe en esta introducción.

“The Jazz Scene” nunca se ha traducido al castellano, pero la introducción escrita para las ediciones posteriores a 1989 se ha publicado en español como un capítulo del libro “Gente poco corriente. Resistencia, rebelión y jazz” (Barcelona: Critica, 1999). Este libro reúne una serie de escritos cortos de Hobsbawm en los que trata de personas y acontecimientos de la cultura popular que, como explica en el prefacio:

“En algunos casos sus nombres son totalmente desconocidos e imposibles de conocer, como los nombres de los hombres y mujeres que cambiaron el mundo cultivando las cosechas importadas del recién descubierto Nuevo Mundo a través de Europa y África. (…) En la época de los modernos medios de comunicación, la música y el deporte han hecho que destacaran unas cuantas personas que, en tiempos anteriores, no hubieran salido del anonimato”.

“Gente poco corriente” reúne ensayos muy diferentes en sus temáticas, pero aunados por un denominador común: la cultura popular, sus manifestaciones y sus protagonistas. Son textos de Hobsbawm procedentes de revistas y periódicos, escritos y publicados a lo largo de un espacio de tiempo de más de 40 años. Uno de los más antiguos es el dedicado a Billie Holiday, publicado con motivo de su muerte en 1958. El libro está dividido en tres partes: “La tradición radical”, “Historia contemporánea” y “Jazz”. Hobsbawm, plantea que el conocimiento histórico no es sólo un vehículo para representar el pasado, sino que constituye la idea misma del pasado que la sociedad construye. De ahí su interés por los márgenes de la historia, por su periferia, y las gentes anónimas que quedan fuera de la historia que la oficialidad política y social construye. El capítulo 9 es de mucho interés, revisa la relación del movimiento socialista y las primeras vanguardias artísticas, entre 1880 y 1914. La parte dedicada al jazz comienza con un artículo donde reseña los libros, “Sidney Bechet: the lizard of jazz” de John Chilton y “Jazz Odyssey: The autobiography of Joe Darensboug” de Peter Vacher, que le sirven de punto de partida para enfocar la biografía de Bechet como el primer jazzista internacional y revisar los comienzos de la difusión del jazz tanto en los Estados Unidos como en Europa. A continuación se ocupa del trabajo de Count Basie y Duke Ellington. Aunque lo más interesante aparece en los capítulos en los que aborda el jazz de forma más general: “El jazz llega a Europa” y “El jazz desde 1960”, este último la introducción a las ediciones posteriores a 1989 de “The jazz Scene”. Hay también un segundo capítulo dedicado a Ellington, “El swing del pueblo”, donde contextualiza el swing en los avatares económicos, políticos y sociales del New Deal del presidente Roosevelt en EUA y revisa la relación de la cultura popular con el poder político.

Como digo, “The Jazz Scene” se publicó en 1962 y nunca ha sido traducido al español. Estaría bien que alguna editorial se animara a publicarlo. La edición que he manejado –de la que sale este artículo- es la brasileña, “Historia social do jazz” (Sao Paulo: Paz e Terra, 2010), que ya ha agotado la décima edición y que, como en otros países de habla no inglesa, ha sido titulado “Historia social del jazz” –un título más comercial para un libro con más de cincuenta años a sus espaldas, un clásico, cuya gratificante lectura aun aporta y cuestiona ideas.

Para quién aún no conozca el trabajo de Eric Hobsbawm, y desee acercarse a él, es muy recomendable de entre toda su extensa producción, "Historia del siglo XX. 1914-1991". Los capítulos dedicados al arte y la cultura del siglo XX constituyen un sugerente, controvertido y claro repaso a las transformaciones del arte, la cultura y la vida cotidiana en la sociedad occidental a lo largo del siglo pasado; son los capítulos VI: “Las artes, 1914-1945”; el XI: “La revolución cultural”; y el XVII: “La muerte de la vanguardia: las artes después de 1950”. Tras la muerte de Hobsbawm, la editorial Crítica publicó un libro póstumo, “Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo XX”, una colección de escritos y conferencias sobre el arte y la cultura del siglo XX. Especialmente reseñable el capítulo XX, “Decadencia y fracaso de las vanguardias del siglo XX”, una provocadora y polémica conferencia que ya se publicó en formato libro en 2009, bajo el título de “A la zaga” (Barcelona, Crítica, 2009).

Para concluir, reproduzco una extensa cita, referida al jazz y la música popular, tomada de uno de sus libros “La era del imperio. 1875-1914” (Barcelona: Crítica, 2001), en la que Hobsbawm muestra su visión del arte y la cultura del siglo XX.

“Por su parte, el público, cuando no era influido por la moda y el esnobismo, murmuraba en tono defensivo que «no sabía de arte, pero sabía lo que le gustaba», o se retiraba hacia la esfera de las obras «clásicas», cuya excelencia estaba garantizada por el consenso de muchas generaciones. Pero el mismo concepto de ese consenso estaba siendo atacado. (…)

En el nivel mucho más modesto del entretenimiento popular, o entretenimiento para los pobres —la taberna, la sala de baile, el café cantante y el burdel- apareció a finales de la centuria un conjunto internacional de innovaciones musicales que se difundieron a través de las fronteras y los océanos, en parte mediante el turismo y los escenarios musicales y, sobre todo, por medio de la nueva actividad del baile social en público. Algunas de esas creaciones musicales, como la «canzone napolitana», que conocía entonces su época dorada, no desbordaron los confines locales. Otras mostraron un mayor poder de expansión, como el flamenco andaluz aceptado con entusiasmo por los intelectuales españoles populistas a partir de 1880, o el tango, un producto del barrio de los burdeles de Buenos Aires, que había alcanzado el «beau monde» europeo antes de 1914. Ninguna de esas creaciones exóticas y del pueblo conocería un futuro más brillante que el lenguaje musical de los negros norteamericanos que —una vez más a través del escenario, de la música popular comercializada y del baile social— ya había atravesado el océano en 1914. Todas ellas se fusionaron con el arte del «demi-monde» plebeyo de las grandes ciudades, reforzado ocasionalmente por bohemios desclasados y aceptado por los aficionados de la clase alta. Eran un equivalente urbano del arte popular, que ahora constituía la base de la industria comercial del entretenimiento, aunque su forma de creación nada debía a su forma de explotación. Pero, sobre todo, se trataba fundamentalmente de creaciones artísticas que no tenían deuda alguna importante con la cultura burguesa, ni en la forma de arte «elevado» ni en la de entretenimiento de clase media. Al contrario, estaban a punto de transformar la cultura burguesa desde abajo. (…)

De esta forma, el arte «moderno», el auténtico arte «contemporáneo» de este siglo se desarrolló de forma inesperada, ignorado por los custodios de los valores culturales y con la rapidez que corresponde a una auténtica revolución cultural.”

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