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Palabras del alma, por eso, llora (mención al jazz)

Por: Ernesto Cuní
Fecha: 2017.06.20
Fuente: Uneac

Las más alegres y tristes remembranzas de la obra musical Marta Valdés
 
Llora, la canción imperecedera, se deja escuchar. Al piano, los acordes “filinezcos” de Frank Emilio. En la guitarra Carlos Emilio, excelso en la armonía. Letra y música se unen junto a esa voz que hizo y hace —porque aún cautiva escucharla— historia en la interpretación de la
cancionística cubana de todos los tiempos: Elena Burke, la Señora sentimiento.

Letra y música culpables de las más alegres y tristes remembranzas, porque la música de Marta tiene ese don increíble de la remembranza, son alma y sentimiento puro, impresos en cada pasaje armónico y melódico que me embargan al escuchar la canción y redactar estas líneas.

Llegan a la mente muchos recuerdos. La mirada se pierde en los laberintos de la memoria como a muchos de los presentes en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, a propósito del conversatorio abierto con la excepcional compositora cubana Marta Valdés, actividad que formó parte del XI Coloquio Internacional de Jazz, evento inscrito en el Festival Internacional Jazz Plaza de La Habana, 2015.

Tan místico y especial fue el momento que el guion del encuentro se hizo trizas: al aire ideas, testimonios, recuerdos, celebración, porque esa es Marta, en ella, hay muchas *Palabras* —como su inmortal canción— que decir y no, precisamente, para engañarnos como reza ese texto.

Disímiles son los intérpretes de la vieja y nueva vanguardia que llevan a hecho sus canciones, como Gema Corredera —se escuchó un tema de la autora en voz—, una de las tantos jóvenes tocados por las letras “martavaldecianas” y, más recientemente, Haydée Milanés, cuyo último disco *Haydée Milanés canta a Marta Valdés*, reúne varios de los éxitos
musicales de la compositora y ha sido un todo un suceso discográfico.

Fue Haydée la que abrió la velada interpretando al piano *Si vuelves*. Sobre el fonograma confesó que lo más difícil fue la selección de los temas, logró dejarlo en 14 canciones con los cuales ella se identifica más desde la armonía.

El repertorio de Marta le llegó gracias a su padre, Pablo Milanés. La propia compositora le entregó varios fonogramas con sus canciones.

Manifestó que hubo de emplearse a fondo para interpretar esa música, vital, de difíciles giros armónicos y melódicos, “lo primero fue estudiar su obra, después, seguí sus consejos”, dijo, acompañado de rigor en el trabajo. Le llevó dos años estudiar la voluminosa obra.
Quiso la autora que la cantara en su forma original para no perder la génesis.

Reconoció Haydée lo complejo pero a la vez placentero del repertorio de la Valdés: “sus canciones tienen un toque mágico, su melodía tiene movimiento original y particular, la armonía también, es algo muy de ella. Sin dudas, hay que saber música para interpretar su repertorio”, subrayó.

Y no hubo dudas en Marta al darle la posibilidad a Haydée de cantar su música, algo de lo que es muy celosa, la también fundadora del filin. Cuando Haydée le hablo de sus intensiones de grabar un fonograma con sus canciones, le recomendó que se acercara al piano, el cual estudió, “logró una belleza inigualable, ha hecho una hazaña, fue fiel a ala nota
escrita por mí, le deseo lo más grande de la vida”, dijo. 

Admite que a sus canciones hay que “ponerle alma”, quizás, dada a la influencia de la radio. Narró que escucho de niña mucha música americana, sobre todo, jazz, con una letra distinguida. Se le fueron metiendo adentro, “tenían bellísimos juegos de palabras, me fue
cultivando el gusto”.

Precisamente, del jazz, debe a sus intérpretes la revelación como compositora, cuando nadie la conocía fueron estos los que difundieron su obra. De ejemplo citó a Gonzalito Rubalcaba, quien con solo 18 años grabó por primera vez, Palabras en la voz de la Burke.

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